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Apoyo a las víctimas de violencia de género

Linea morada

Niño de Rivera, y otros, 2021
28/02/2026
prevención del suicidio

El apoyo a una víctima de violencia es crucial por varias razones. Contribuye a mejorar el bienestar y la recuperación de las personas afectadas en lo emocional, física, patrimonial, económica o sexualmente. El vivir una situación de esta índole tiene consecuencias emocionales. El apoyo que podamos dar puede marcar la diferencia.

Relacionado con las víctimas, lo primordial es evaluar el estado emocional: cómo se encuentra en el momento, si está afectada, si corre riesgo su vida, si tiene a dónde y con quién acudir para estar segura, ya que puede estar en shock o presentar signos de estrés postraumático.

  • Mostrar empatía es lo principal. Si bien no es posible comprender por completo lo que la otra persona pasa, podemos tratar de comprenderlo y pensar en situaciones en las que fuimos vulnerables y cómo eso nos hizo sentir.
  • Evadir el contacto físico, sobre todo, cuando hay una situación expresada de índole sexual o violencia física, pues desconocemos cómo pueda sentir el contacto y cuál sería su reacción ante ello.
  • No juzgar las acciones ni emociones; no todas las personas reaccionamos igual. Actuamos con base en experiencias anteriores y con las herramientas que tenemos. Por ello podemos mostrar comprensión ante lo que comparte la persona.
  • Evitar normalizar las conductas de violencia y minimizar los sentimientos con comentarios como 'no es nada' , 'no fue tan grave', 'todas hemos pasado por algo así'.
  • No comparar las experiencias con la situación de agresión que se expresa, pues esto resta importancia a lo ocurrido y dirige la atención a algo o alguien más. Por lo tanto, debemos evitar comentarios como “A mí me pasó algo peor”. Escuchar y acompañar.
  • Escuchar atentamente y dar la oportunidad de compartir lo que le sea necesario, sin presionar o sin dar detalles y hasta donde lo sienta cómodo. No minimizar el acontecimiento ni lo que la persona está experimentando.
  • Estar y poner atención, escuchar de manera activa, evitar interrumpir mientras la otra persona habla de algo importante que le ha ocurrido y acompañar. Evitar las distracciones, por ejemplo, de un dispositivo celular o cambiar el tema de manera inesperada.
  • No mostrar completo positivismo, por lo que no debemos decir: 'échale ganas', 'todo va a estar bien', 'no te sientas así'. Estas frases no nos hacen sentir mejor y mucho menos nos animan, por el contrario, pueden molestar, incomodar y confundir.
  • Tratar de ser una persona de contacto por si requiere apoyo más adelante, que puedas ser alguien en quien confíe.
  • Antes de intervenir, si queremos ayudar, es informarnos sobre asesoría legal, psicológica y las opciones que existen. Si se desconoce sobre algo, es válido decirlo e investigar para apoyar de una manera más certera.
  • Muchas veces, o tendremos las palabras exactas, o no sabremos qué decir. Por ello, sólo estar y acompañar, así sea en silencio, es muy válido y útil, aunque no lo pareciera.

La revictimización puede iniciarse desde comentarios que se lanzan al aire y tener impacto en la persona que las recibe, como el cuestionar, minimizar, criticar, juzgar la historia de violencia de otra persona. Afectan el sentir, pensar y en la manera de actuar posterior al evento que genera trauma.

Debemos tener en cuenta que cualquier persona que rodea a una víctima tiene la capacidad de ayudar o de ignorar al poner en duda lo sucedido. Es erróneo pensar que nada de ello nos puede pasar porque nos cuidamos, nos relacionamos de una manera diferente, etc. Sin embargo, todos somos vulnerables y podemos pasar por una situación de riesgo o violencia, o ambas.

Es fundamental luchar por mostrar empatía y ser conscientes de los prejuicios, estereotipos e ideologías existentes, permitirnos deconstruirnos para volver a construirnos de una manera mucho más asertiva.