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Violencia de género en el transporte público

Linea morada

Basilio Hernández Tomas
22/11/2025
prevención del suicidio

Los sistemas de transporte público son el principal medio de movilización para millones de personas en América Latina. Sin embargo, tanto la percepción como la situación de inseguridad limitan o condicionan las opciones de traslado para las mujeres. Afectan directamente su búsqueda de empleo, su acceso a servicios y su derecho a disfrutar libremente de la ciudad.

Diversos estudios reflejan una alta prevalencia de delitos contra ellas, en específico, actos de violencia sexual en el transporte público de las grandes urbes. Al respecto, la encuesta de la Fundación Thomson Reuters (aplicada en 2014, en las 15 capitales más grandes del mundo) encontró que 6 de cada 10 mujeres fueron acosadas físicamente alguna vez en el transporte de Bogotá, y calificó a ese sistema como el más inseguro para ellas, seguido por los de la Ciudad de México y de Lima.

Cabe señalar que la violencia también ocurre mientras caminan o esperan en algún paradero. Son situaciones de orden sexual, no son visibles a la población en general y tampoco para los agentes encargados de la seguridad.

Se identifican cinco tipos de acoso u hostigamiento sexual en espacios públicos:

  1. Expresivo (corporales, gestos o miradas).
  2. Verbal (piropos obscenos, groserías, insultos sexuales y pláticas impuestas por transeúntes o pasajeros que suelen ser molestos).
  3. Físico (roces corporales o con objetos que tengan a la mano, frotamientos o manoseos sorpresivos o continuos en zonas íntimas del cuerpo femenino, tales como las caderas, genitales, senos o nalgas).
  4. Persecuciones (insistencia por acompañar a la mujer a donde vaya, puede ser dentro del transporte público o en la calle).
  5. Exhibicionismo (exposición de genitales por medio de la masturbación).
  6. Quienes presencian o experimentan cualquier tipo de acoso sexual, lo consideran una experiencia muy personal que prefieren no exhibir. Por lo tanto, no se habla abiertamente ni se nombra.

Lo anterior puede ser explicado por lo siguiente:

  1. Falta de información o de educación sexual; se oculta el tema de la sexualidad.
  2. Creación de mitos o creencias populares que refuerzan la ignorancia.
  3. Porque las mujeres aprenden, desde pequeñas, a ser bonitas, agradables, tiernas, sumisas y obedientes.
  4. Porque ellas son constantemente vigiladas, controladas y sometidas a sanciones sociales, si no cumplen con las expectativas.
  5. Ello puede ayudar a explicar por qué algunas mujeres no reaccionan o no se pudieron defender del acoso sexual. Algunas se prefieren ocultar; otras, olvidar.

La desconfianza en el sistema de justicia lleva, en la mayoría de las ocasiones, a evadir la denuncia, o a no terminar con el proceso administrativo, por miedo a sufrir un daño mayor.

Aproximadamente, 8 de cada 10 mujeres agredidas en el ámbito público no acuden a la autoridad para establecer una denuncia.

Las principales razones:

  1. Falta de atención del personal de seguridad.
  2. Inversión de tiempo en el procesamiento que, regularmente, se mantiene a la víctima cerca de su agresor.
  3. Persuasión para que se desista la denuncia mediante la “conciliación”.
  4. Revictimización de las mujeres al ser cuestionadas por su apariencia física o por la veracidad de su acusación.
  5. Ausencia de protocolos claros para brindar una atención certera.
  6. Necesidad de la autoridad policial para promover conciliaciones o desistimientos.
  7. Insensibilidad para tratar con la persona violentada.
  8. Poca claridad en la orientación jurídica.
  9. Nulos esfuerzos para garantizar que no existan represalias por el perpetrador, sus familiares o amigos.
  10. Falta de herramientas punitivas acotadas para frenar a quienes cometen actos que se asumen, injustificadamente, como “poco graves”.

Esto deja impune el acto delictivo (acoso sexual) y exige el diseño de políticas públicas para garantizar el derecho humano de las mujeres a una movilidad segura.